El año que termina

PPK en trabajo de campo 2
13 Diciembre 2009

Aunque no conoceremos las cifras macroeconómicas del año 2009, hasta febrero 2010, se puede afirmar que el año termina razonablemente bien, ciertamente en comparación con lo que pasa en el resto de América Latina. Si bien la crisis internacional nos ha golpeado fuertemente, sobre todo en la industria (textiles, agroindustria) y también la minería a principios de año, contrariamente al pasado y a lo que ha ocurrido en la mayoría de los otros países de la región, no hemos caído en territorio negativo. La economía ha seguido creciendo, y con baja inflación.

El crecimiento probablemente habrá sido alrededor de 2% con una inflación casi imperceptible, de quizás 1%. Eso se compara con crecimientos cercanos a cero en Brasil, Chile y Colombia, negativo 7% en México e inflaciones de 14% en Argentina y 27% en Venezuela (cifras oficiales).

¿Qué más hay de bueno? Muchas cosas pero resaltemos dos temas económicos:

1. Un aumento significativo en la inversión pública. A pesar de todas las ineficiencias muy publicitadas en el manejo regional de la inversión pública, cada día más descentralizada, las inversiones del estado, principalmente en infraestructura, alcanzarán 5,5% del Producto Bruto, la cifra más alta en muchos años.

2. Mejoras en la competitividad de las empresas y en los trámites burocráticos a los cuales se enfrentan. En el ranking de “Doing Business” (publicitado anualmente por la Corporación Financiera del Banco Mundial) hemos mejorado más que cualquier otro país de la región y las recientes iniciativas del Ministerio de Economía auguran muy bien para el futuro.

Nuestras debilidades son más bien de largo plazo. Citemos algunas:

1. La informalidad laboral y de la vida cotidiana tiene muchas consecuencias negativas: nuestro sistema tributario es débil y no resiste bien a los ciclos económicos, como el más reciente; la tasa de accidentes mortales de tránsito es la más alta de América Latina y una de las más altas del mundo; tenemos una proporción elevada de la población sin seguridad médica y de jubilación (alrededor de 65% de la fuerza laboral es informal).

2. La percepción de la ciudadanía es que la inseguridad va en aumento, que las pandillas y los atracos están fuera de control, y que el sistema jurídico (policía, fiscalía, poder judicial y sistema penitenciario) es tortuoso, permisivo e ineficiente. La policía sigue mal pagada. Aparte del tema de conseguir trabajo, todas las encuestas demuestran que la inseguridad es la preocupación número uno de la población. Hasta ahora el gobierno y las autoridades no han respondido adecuadamente a esta preocupación. La mayoría de los candidatos tampoco. Los únicos esfuerzos visibles han sido hechos por algunas municipalidades.

3. La presencia del Estado en los lugares más pobres del Perú (sobre todo en la Sierra y la Amazonía) brilla por su ausencia. Todos entendemos que hay limitaciones fiscales pero se debería acelerar los programas que ya están en marcha en salud, electrificación y agua potable. ¿Cómo podemos hablar de exportar electricidad cuando hay varias regiones del Perú en las cuales la mitad de la población no tiene luz en su casa?

Estos tres temas –informalidad, inseguridad, y un estado débil- tienen un hilo en común: la falta de organización gubernamental. Como lo dijimos hace quince días, necesitamos un servicio civil del estado que sea competitivo y bien remunerado. Es la única manera de enfrentar los grandes retos y, dicho sea de paso, reprimir la corrupción.

Tenemos la suerte que se avecinan años promisorios en la economía mundial. China va a seguir creciendo, y también la India. Los casi tres mil millones de chinos e hindúes que habrá en pocos años van a comer más y consumir más. Estos países literalmente van a devorar comida y materias básicas para sus industrias. Esa perspectiva pone a la mayoría de los países de América Latina, y particularmente al Perú, en una situación envidiable para resolver nuestros viejos problemas y dar el gran salto hacia la modernidad. El gran debate electoral debe ser sobre lo que hay que hacer para dar ese gran salto: hay que dejar de lado falsas promesas e ideas trasnochadas que nos harían perder la gran oportunidad que tenemos para salir una vez por todas de la ignorancia y de la pobreza.